La verdadera caoba en las guitarras: Honduras, Bolivia y Perú

Cuando hablamos de guitarras eléctricas de los años 50 y 60, hay un elemento que se repite siempre: la caoba. No cualquier caoba, sino la caoba genuina (Swietenia macrophylla).

Este tipo de madera se utilizó durante la época dorada de Gibson y es una de las grandes responsables del tono cálido, los medios ricos y la resonancia que asociamos con esas guitarras legendarias.

¿De dónde viene la “verdadera” caoba?

Mucha gente escucha “caoba de Honduras” y piensa que todas las piezas vienen de ese país. En realidad, la misma especie crece en distintas zonas de Centro y Sudamérica: Honduras, Bolivia, Perú, Brasil y otras regiones.

Lo que hace la diferencia no es solo el lugar de origen, sino la edad de la madera y cómo fue secada y estacionada.

Mi madera: una historia con tren de los 70

En mi caso, la caoba que uso hoy no la conseguí en Estados Unidos. La compré en Argentina hace muchos años, proveniente de un lote histórico que llegó en tren desde Bolivia y Perú en la década del 70. Ese material ya venía con varios años de secado cuando fue importado, por lo que se estima que los árboles fueron talados bastante antes de esa fecha.

Esto significa que las piezas que uso hoy tienen décadas de estacionado natural. Con tanto tiempo, la madera se vuelve extremadamente estable y liviana, perdiendo todo exceso de humedad. El resultado es un material muy resonante y con un timbre espectacular.

¿Por qué no usar maderas modernas?

Hoy en día se usan otras especies parecidas, como sapele o “African mahogany”, que aunque son nobles, no tienen las mismas propiedades ni el mismo sonido que la caoba genuina.
Además, los tablones nuevos de Swietenia macrophylla son cada vez más difíciles de conseguir por cuestiones de regulación y conservación.

La importancia del material correcto

Para mí, cada guitarra empieza mucho antes de cortar o lijar. Empieza en la selección de la madera.
Por eso me gusta trabajar con maderas que tienen historia, con décadas de secado natural, que me aseguran estabilidad y un carácter sonoro imposible de replicar con algo nuevo.

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